ÁNDELE PUES, HABLEMOS DE SOBERANÍA
La señora presidente dícese ser científica, de su paso por los laboratorios o gabinetes se sabe poco y lo poco que se sabe dice poco de su trabajo en la ciencia, su comportamiento más bien desdice de una actitud científica, porque todos los días la vemos incurriendo en gazapos, errores, confusiones, apreciaciones a la ligera y desconocimiento o aversión a manejar el método científico, que lo menos que exige es un sentido teorético, es decir la comprobabilidad de tus planteamientos y la sujeción a prueba de tus hipótesis. Es evidente también su tremenda incultura, su mal manejo del español, su tendencia a recurrir a tópicos que en algún momento le funcionaban al Peje, que se apoyaba en su cachaza, su chistosidad involuntaria y en su cinismo, la señora Sheimbaum tiene menos gracia que un requerimiento de hacienda y menos empatía que Ebrard justificando su peculado.
Para completar el cuadro en una aspirante a estadista, tiene un desconocimiento jurídico que podría ejemplificar perfectamente la frase de mi maestro Guillermo Colín Sánchez: “Navegas en un mar interminable de ignorancia supina cual fantasma famélico.”. Cuando se anima a formular alguna opinión jurídica, uno entiende porque puede pensar que los ministros de la Tremenda Recua están preparados o porque designa a Luisa María Alcalde para Consejera Jurídica a quien considera “excelente abogada”.
La exhibición más reciente y más ridícula de la ignorancia jurídica de la Presidente y de los funcionarios y legisladores de Morena, la están dando con sus opiniones y su condena a la intervención, todavía no del todo aclarada, de cuatro ciudadanos americanos apoyando acciones de combate a la delincuencia organizada en el estado de Chihuahua, lo menos que se ha dicho es que se puso en riesgo la soberanía y la seguridad nacionales. ¿Qué tan sólidas serán la soberanía y la seguridad nacionales que cuatro elementos de un grupo de apoyo trabajando conjuntamente con la secretaría de seguridad de Chihuahua y el Ejército Mexicano las ponen en riesgo?. El concepto decimonónico de soberanía corresponde a la histórica proclama de nuestro paisano Francisco Primo de Verdad y Ramos “La soberanía ha recaído en el pueblo” cuando Pepe Botella hizo prisionero a Fernando VII.
La idea de soberanía apuntada desde la Roma antigua, como el más alto poder dentro de un territorio y su consideración como atributo divino, característica del poder, cualidad del estado o caracterización del derecho, culminó luego de los trabajos de Jean Bodin en la soberanía interna y de Hugo Grocio en la soberanía externa en el ius gentium, origen del derecho internacional, adicionado con la obra de la escuela de Salamanca, Vitoria y Suárez principalmente, con la concepción del contrato social en la visión optimista de Jacobo Rousseau o la pesimista de Thomas Hobbes, que desembocan en lo mismo: la soberanía, el poder supremo radica en el pueblo.
La visión moderna de la soberania es limitada: ya no es una "licencia para hacer lo que uno quiera" dentro de las fronteras; sino que está supeditada al cumplimiento de normas internacionales, especialmente en derechos fundamentales.
Soberanía Interna: sobre la que profundizó Bodin, es el poder del estado para ejercer autoridad sobre su población y territorio, manteniendo el monopolio del uso legítimo de la fuerza y la capacidad de dictar leyes. En las democracias modernas, se reconoce al pueblo como fuente de ese poder, que lo delega mediante el voto. Soberanía Externa: a partir de Grocio es el reconocimiento de la igualdad jurídica entre estados. Significa que, ante el derecho internacional, todos los estados tienen el mismo derecho a existir y a no ser agredidos por otros.
Unwilling or Unable.- La "Responsabilidad de Proteger", uno de los los cambios más significativos es que la soberanía no sólo es facultad sino responsabilidad. Si un estado no puede o no quiere proteger a su población de crímenes graves (genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica, delincuencia organizada, terrorismo), la comunidad internacional asume la responsabilidad de intervenir. Esto rompe con la idea de que "lo que ocurre dentro de mis fronteras es solo asunto mío".
En la era de la globalización la soberanía efectiva no se puede ejercer de manera aislada debido a: Interdependencia económica: Los mercados financieros globales y las cadenas de suministro obligan a los Estados a armonizar sus política. Desafíos transnacionales: El cambio climático, las pandemias, el ciberterrorismo y la migración masiva no respetan fronteras. Resolver estos problemas requiere acciones coordinadas donde los Estados cooperen para proteger sus propios intereses nacionales.
La soberanía moderna es funcional y legítima. No es un muro infranqueable sino una posición en una red global donde la autoridad se valida a través del respeto a los derechos fundamentales y la cooperación internacional. En este panorama el terrorismo representa quizás el desafío más complejo para la soberanía moderna, ya que los grupos terroristas son actores no estatales que operan de forma transnacional, mientras que el sistema internacional sigue estando construido sobre Estados-nación con fronteras claras. Esto da lugar a una paradoja: para proteger la soberanía y la seguridad de sus ciudadanos, los Estados se ven obligados a actuar de formas que, bajo la visión clásica de Westfalia, podrían considerarse violaciones de la soberanía de otros países.
El punto es si con ello se altera el principio de igualdad soberana. Convierte la soberanía de los países más débiles en algo "condicional": si controlas a tus grupos terroristas, tu soberanía es respetada; si fallas, pierdes ese derecho a la exclusividad territorial.El terrorismo pone a prueba la soberanía interna. Un estado tiene la obligación soberana de proteger a sus ciudadanos, pero al implementar medidas de vigilancia masiva o leyes de excepción para combatir el terrorismo, el estado corre el riesgo de erosionar los mismos valores democráticos y libertades que pretende defender.
La respuesta moderna al terrorismo necesariamente ha tenido que desplazar el foco desde la "soberanía aislada" hacia la soberanía colaborativa. Merece la pena recordar que los grandes carteles de la delincuencia organizada en el plano internacional han sido calificados como terroristas. Ningún Estado puede combatir el terrorismo financiero, el reclutamiento cibernético o las redes logísticas por sí solo. El terrorismo ha forzado una "flexibilización" de la soberanía. debe ser lo suficientemente firme para mantener el orden interno, pero lo suficientemente porosa para permitir la cooperación internacional necesaria contra amenazas que no se detienen en los mapas. El concepto de soberanía ha sufrido una transformación profunda, alejándose del modelo clásico de "poder absoluto" hacia una concepción que no se entiende simplemente como el derecho a no ser interferido, sino como una autoridad que conlleva responsabilidades.
El caso de nuestro país es un ejemplo de la tensión entre un estado que enarbola banderas decimonónicas mientras es rebasado por la delincuencia, la inseguridad y las presiones transnacionales. Para mal, parece que ni la presidente, ni su avatar ni su gabinete, han alcanzado a comprenderlo.

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