DESFALCO A LA UAA. (EL MEN-SHOW PUEDE ESPERAR)

 

No hay asunto que revista más interés nacional que la captura y posterior muerte de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, la información ha sido tan contradictoria, tan controlada y tan insuficiente, que parece conveniente dejar unos días que se decante y se madure, cualquier juicio en este momento, pecaría de improvisado y falto de soporte.

El rector de la UAA, en este mi periódico fue entrevistado hace unos días por el siempre respetuoso y equilibrado Leonardo Márquez. Como no hubo ninguna rectificación ni desmentido asumo que lo que se vertió en la entrevista es su opinión, ni más ni menos. En términos generales dejando a salvo el respeto a la institución, me parece que lo dicho es, en muchos sentidos, desafortunado y en buena medida decepcionante en relación con lo que durante su breve campaña había expresado. En su descargo podría arguirse la insuficiente información, el que no haya podido empaparse del tema, el que su formación laboralista le de otro enfoque, las presiones del entorno político del estado, el indudable peso de una burocracia endémica y un profesorado endogámico de la universidad y, quizás, la necesidad de hacer un llamado a la unidad y ofrecer un frente compacto ante las necesidades cada vez mayores de nuestra casa de estudios y los recursos cada vez más escasos.

No comparto por supuesto la opinión de que en el desfalco que sufre la UAA de más de 300 millones de pesos no tengan responsabilidad ni tengan culpa los dos rectores anteriores. Desde luego no fue un caso fortuito, mala suerte o error, sino una conducta que se apartó de la reglamentación universitaria y de una gestión prudente, juiciosa y responsable, o para decirlo en términos de la imprudencia penal, el “olvido de las precauciones necesarias” que da como consecuencia una conducta culposa. Recuerdo que, parte de sus propuestas durante su breve campaña a la rectoría, fue la de investigar a fondo hasta poder deslindar responsabilidades y buscar la sanción para los culpables. Conviene señalar Sr. Rector que, hay que distinguir claramente la comunidad universitaria de las personas de los ex rectores, defender a la comunidad no es evitar que se sancione a quien lo merezca, defender a los ex rectores no es defender la comunidad universitaria. Distinguir para unir, diría Maritain.

Como es un campo susceptible de emociones y de que éstas distorsionen el juicio, es conveniente tratar de precisar los datos, “dato mata relato” se dice, y merece la pena intentarlo, habida cuenta de que para no atiborrar el escrito y abrumar al lector, no menciono todas las particularidades aunque de todas tengo apoyo documental.

1.- Hace algunos años un incendio en la Posta Zootécnica de la UAA tuvo a más de daños materiales, las lesiones de trabajadores que no estaban debidamente asegurados.

2.- Como consecuencia el IMSS fincó capitales constitutivos y todavía hace 4 o 5 años la deuda se tuvo que garantizar con la reserva ecológica, previa autorización del Consejo Universitario.

3.- El rector Mario Andrade, atinadamente a mi ver, con objeto de poder hacer frente a gastos fortuitos decidió la creación de un fondo para atender contingencias sin desatender la operación normal de la institución.

4.- Por su naturaleza el fondo debería tener dos características al menos, estar disponible en cualquier momento y no estar sujeto a riesgos financieros, por lo tanto se reguló que no podría ser invertido en capital de riesgo y debería estar siempre a la vista.

5.- El rector Avelar continuó incrementando el fondo, pero llevó a la universidad un “asesor financiero” como staff de rectoría, que había estado en otros organismos del estado, y le creó un “puesto” especial con autoridad y facultades al margen de las autoridades formales de la universidad. Hasta aquí ya tenemos presuntas y graves responsabilidades.

6.- Desde rectoría se decidió y se realizó la inversión en una empresa que ofrecía pingües ganancias pero sin la debida garantía de seriedad en fondos de obvio riesgo. La inversión al parecer se hizo, al margen de Finanzas y Contraloría de la UAA, que sin embargo no podían haber sido ajenas, porque el movimiento de dinero no podía realizarse sin dejar constancia.

7.- Se conjetura y eso son sólo conjeturas que los promotores de la inversión gratificaron, al margen de la documentación de las inversiones, a quienes las realizaron u ordenaron.

8.- El rector Avelar promovió antes del término de su mandato un ajuste a la regulación del fondo en que se permitía la inversión en fondos de rendimiento variable, pero previo análisis y dictamen. La cama y la salida estaban puestas.

9.- Las inversiones dejaron de producir o nunca produjeron y al cambio de rectoría, Avelar promovió a quien le cuidara las espaldas. La forma de control de la Junta de Gobierno merece capitulo aparte. Ya en ese momento la pérdida era escandalosa.

10.- Al asumir la rectriz Pinzón, llevó al novel e inexperto Consejo Universitario el examen y aprobación en su caso de los Estados Financieros, yo solicité a tres consejeros que pidieran más información y un término para estudiarlos, pero prefirieron no hacerlo.

11.- El desfalco se encubrió contablemente como “cuentas de orden”, que implican un pasivo que no afecta la operación actual, difícil de detectar para un no profesional, pero obvio para un contador, administrador o auditor. El Consejo aprobó los Estados Financieros.

12.- Ni Finanzas ni la Auditoria de la UAA alertaron y, al contrario, permanecieron calladas. Los auditores externos inexplicablemente, o más bien, explicablemente por sus componendas, no señalaron el desfalco que a esas alturas era superior a los 200 millones y era claramente irrecuperable.

13.- La rectriz Pinzón por la función que tuvo en la rectoría de Avelar y la información que recibió, no podía no conocer el asunto y, no sólo calló, sino que se realizaron nuevas inversiones sin respaldo suficiente.

14.- Cuando El País dio a conocer el desfalco en la UAA, en la Fiscalía y en el ISSSPEA, entonces empezaron las reacciones y las tibias denuncias.

15.- La elección de Arredondo, impulsada según se dice por vectores políticos, tenía la conveniencia de optar por alguien ajeno a los anteriores rectores y evitar que se regresara a comentar el fraude.

El daño está hecho pero no reparado, si el Gobierno decide no continuar con las investigaciones en sus áreas no tendría por qué ser el camino de la UAA. Por el bien de la comunidad (maestros y estudiantes mayoritariamente), debería profundizarse la investigación con elementos externos que aseguren que no haya antecedentes de presión o dependencia. Sancionar a los responsables y a los culpables no sería demérito para la UAA sino una actitud correcta y ejemplificante. SE LUMEN PROFERRE. 

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