LA 4T Y SU INTENCIÓN DE MODIFICAR EL PASADO
Jesús Eduardo Martín Jáuregui
El pueblo Mexica fue tremendo, guerreros aguerridos, conquistadores infatigables, comerciantes sin límites, imperialistas irredentos, sojuzgadores natos. Llegaron al valle del Anáhuac y en unos cuantos siglos despojaron a los pueblos originarios de sus terrenos, de sus lagos, de sus tradiciones e implantaron las de sus dioses sanguinarios, no obstante la primera gran culturización de Arido América por parte de los Toltecas, que marcaron su impronta en creencias, en la arquitectura, en las obras de irrigación, en los calendarios y en otras importantes áreas del conocimiento en su época. Los Mexicas arrasaron con todo y los 10,000 años de antigüedad de los pueblos originarios (esa dato lo daba Andy López Obrador, pero desde luego forma parte de los “otros datos” que componían el bagaje cultural del macuspano). Moctezuma Xocoyotzin llevó a su máximo esplendor el dominio militar, comercial y cultural de su pueblo, sometiendo prácticamente a todos los grupos indígenas de lo que ahora es nuestro país, con las notables excepciones de los purépechas, a los que por su arrojo y valentía llamaron “tarascos” y que no pudieron someter y los nómadas fieros e indomables de tribus nahuatlatas a los que denominaron despectivamente “chichimecas”.
México no existía.
Cuando llego Cortés, separándose de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, ambicioso, visionario y ¿por qué no? mesiánico, con la idea de una nueva puebla, separada de Velázquez pero dependiente del Rey de la que sería España, gracias a sus informantes y a sus traductores, captó y quiso aprovechar el descontento de los pueblos indígenas contra sus sojuzgadores, los imperialistas aztecas o mexicas. Moctezuma, hombre sabio sin duda y sensible, al encontrarse con Cortés, se encontró también con un nuevo mundo, con tecnología y ciencia adelantadas, con una concepción del ser y de la vida diferentes y tuvo la convicción del ocaso de la cultura mexica, de la cultura indígena y vislumbró, estoy seguro, la raza cósmica con la que soñó Vasconcelos. Hospedó a Cortés y a sus gentes y durante muchos meses, departieron, conversaron, debatieron, un día y otro. Algo conocemos de sus pláticas a través de las Cartas de Relación de Cortés, en donde percibimos el respeto mutuo que se gestó y quizás también, cierta simpatía y el propósito de entendimiento más allá de un enfrentamiento cruento en el que, sin duda, por el número, los españoles, un puñado que no llegaba al millar tendrían las de perder.
El destino o las circunstancias son caprichosas, la salida de Cortés en una expedición fue la ocasión para que el Diablo Rojo, Pedro de Alvarado, quisiese poner orden en las prácticas religiosas sanguinarias, irrumpiendo en las ceremonias, despeñando desde lo alto del teocalli a los sacerdotes y matando a un gran número de los participantes en la ceremonia. Algo así como lo que AMLO y su regente la Sheinbaum han pretendido en los ocho años pasados, enseñarnos que debemos creer, que debemos pensar y como nos debemos comportar para ser conformes con el pensamiento de la 4T, que en realidad son las ocurrencias amalgamadas del Mesías Tropical, como lo bautizó certeramente Enrique Krauze.
El insensato e intrépido acto de Alvarado desencadenó la represalia mexica, el asesinato de Moctezuma a manos de su propio pueblo y la erección circunstancial del impetuoso y desgraciado Cuauhtémoc. La salida furtiva de Cortés y su gente y la derrota en la Noche Triste en Popotla, que ahora la 4T quiere que sea Noche Victoriosa, aunque la verdad es que la Victoria les duró poco, porque antes de lo que se los cuento Cortes se reorganizó, organizó a los pueblos sojuzgados y en unos cuantos meses arrasaron con los mexicas y su imperio. Con la derrota de los mexicas, con el triunfo de los aliados y con el mestizaje que allí se gestó, allí empezó México.
México, duélale a quien le duela como dicen los morenarcos, nació con la Conquista. Antes eran una serie de pueblos dispersos, sometidos pero no unidos. El virreinato español le dio unidad y sentido, generalizó un idioma, generalizó una religión, adelantó varios siglos la cultura y gestó las bases de una nacionalidad que ahora, la 4T pretende socavar en beneficio de sus intereses perversos de dominio ideológico.
Una familia centroeuropea establecida en México difícilmente puede entender esa historia y sobre todo difícilmente puede quererla. Esa síntesis dolorosa que captó magistralmente Salvador de Madariaga en su novela “Guerra en la Sangre” y que finalmente dio sus frutos en el nacionalismo cultural del siglo XX en que lo indígena queda como referencia tal lo pinta Saturnino Herrán en Nuestros Dioses, y lo mexicano se plasma en el Aguador o en la Tehuana o en su maravilloso cuadro El Trabajo, o en las obras de arte de ingenio popular de Guadalupe Posada, o en la música de Ponce rescatando las tonadas del pueblo para darle vida perenne en sus arreglos académicos, o en la cocina objetivada de Josefina Velázquez de León, o en la obra sublime de López Velarde.
NO SRA. PTE. USTED NO TIENE DERECHO A QUERER MODIFICAR NUESTRO PASADO, AUNQUE SEA DOLOROSO, ES LO NUESTRO, ES NUESTRO CRISOL, EL DE LA MEXICANIDAD.
¡CUIDADO ESTÁ USTED JALANDO UN HILO DELGADO Y PELIGROSO!. MÉXICO NO ES LO INDÍGENA AUNQUE TAMBIÉN SEA NUESTRO, SOMOS MUCHO MÁS Y USTED PARECE NO QUERER DARSE CUENTA.
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