CAMINO A LA DICTADURA EN UN PAÍS IMAGINARIO

 

Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Imaginemos un país cualquiera, un país que ha sufrido a lo largo de su historia cambios y contradicciones violentas, quizá mayores que el común de los países, en el que como otros muchos convivan diversas naciones que no han podido o no han querido amalgamarse en una y tampoco han logrado constituirse en una entidad estatal con diversas nacionalidades, En él que persisten desigualdades atroces con una población indígena que convive razonablemente adaptada al intercambio con los mestizos que son mayoría absoluta. En ese país siguiendo su vieja práctica de la imitación extralógica siguiendo el modelo de los EE.UU. con matices de la ilustración se ha adoptado sin terminar de adaptarse el utópico modelo de Montesquieu del equilibrio de poderes con los tres fundamentales a los que se ha adicionado nuevas funciones articuladas forzosamente que no se desenvuelven con naturalidad y que son mas pegotes que organismos operativos funcionales.

Nada cuesta pensar como imaginó Maurice Joly en su clásico Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, un enfrentamiento entre los poderes que tarde o temprano se resolverá en favor de quien tenga el control del dinero y de la fuerza. En ese país imaginario el Jefe del Ejecutivo ordena en favor de la población que no se apliquen las leyes sino que se siga la guía del sentido común tomando como ejemplo y modelo al mismísimo titular del gobierno ejecutivo, la medida inusitada, sin embargo, se justifica porque libera a la población de la estructura rígida de la norma, herencia de regimenes neo liberales conservadores y deja a los verdaderos líderes preocupados por su pueblo, aplicar su criterio conforme con las circunstancias que se presentes sin estar sujetos a la rigidez normativa que limita la actuación en favor de los pobres. Loable medida que se justifica por el buen fin que persigue.

Después el jefe del ejecutivo se encontró ante una disyuntiva que se resolvió aplicando la regla que había hecho explícita al recomendar la no aplicación de la ley, ante la opción de permitir que el poder legislativo pudiera resolver en un asunto crítico para la imagen y el futuro del partido que lo llevo al poder y en aras de conservar los valores de la justicia y la equidad de acuerdo con los postulados de la verdad ética y legal, el jefe del ejecutivo consciente del riesgo que podría correrse con una conducta y un fallo inesperado de los jueces que confundiera a la población respecto de la axiología propia de su movimiento, determinó en bien del país sensibilizar a la población y orientar al poder judicial en el sentido óptimo para la mayoría. Corrigió la plana al judicial, mostró claramente la ruta por la que debería transitar la aplicación de la justicia, sin lugar a dudas clarificó la responsabilidad de los juzgadores para garantizar la ruta de la transformación en favor del pueblo, determinó el inicio de un proceso sancionador para los que se apartasen del camino del movimiento y mostró la ruta inexcusable por la que debe circular la justicia más igualitaria, real y verdadera.

No fue tarea fácil, especialmente porque se prestaba a malas interpretaciones, maledicencias, difamaciones y mentiras de los que, habiendo sido despojados de sus prebendas y bienes mal habidos, respiran por la herida y no se resignan a la pérdida de sus privilegios y con los medios que aún controlan, se convierten en quintacolumnistas atacando las medidas nacionalistas, democráticas y republicanas de nuestro gobierno imaginario en nuestro país imaginario, Rémoras añorando un pasado en el que disfrutaban de los satisfactores escamoteados al pueblo, aprovechan complicidades, componendas y la compra de voluntades, aprovechando los medios en poder de enemigos del gobiernos y las muy recientes incorporadas a la comunicación pública: redes sociales. El ejecutivo con la clarividencia que debe caracterizarle, en nuestro imaginario país se percató del grave riesgo de que los medios se usen no sólo en la crítica, sino en el desprestigo y aún, en el franco ataque a las instituciones democráticas y republicanas. En la preservación de los valores de un régimen asentado y en favor del pueblo, cualquier medida se justifica, aún cuando en principio aparente posibles sacrificios el fin último está por encima de cualquier privación, sin parar mientes en que pueda ser mal interpretado y atacado. Un ejemplo se diría en nuestro ilusorio país se tiene con el compañero Daniel Ortega de la hermana república Nicaragua, que proscribe las elecciones para evitar el posible mal de ideologías ajenas al régimen de libertades de las que disfrutan los hermanos nicaragüenses.

Ante el riesgo real del mal uso y el abuso de los medios de comunicación y las redes sociales, el ejecutivo de nuestro país imaginario determinaría la “autorregulación” de esos medios mediante medidas legales que les obliguen a “autorregularse”, de la manera y en la forma que convenga y sirva al pueblo bueno y sabio al que, en principio toda autoridad se debe. Se prepararía toda la regulación para que previos los trámites ante la representación popular para que se convierta en ley, aunque, se ha dejado en claro que la norma suprema es la voluntad popular encarnada en el gobernante supremo.

El camino y el futuro de nuestro país imaginario cada vez queda más despejado de obstáculos internos, un dislate de la máxima casa de estudios ha puesto en riesgo la estabilidad y tranquilidad conseguida a base de adiestramiento continuado, para sofocar cualquier brote de inquietud el jefe del ejecutivo “con pleno respeto a la autonomía” señalo que la institución “debe” crear más plazas y oportunidades, lo que de ninguna manera puede entenderse como intromisión en la casa de estudios, sino como la visión preclara y preventiva de un brote artificial de descontento estudiantil que pudiese contagiar a la población sensible a los reclamos fundados o no de los estudiantes. La clara visión del ejecutivo atenta a la paz social y al progreso, siempre anteponiendo el interés de los pobres no interviene, sino orienta, no manda, sino aconseja, no determina sino ilustra a la centenaria universidad.

Un espectador crítico sin elementos humanistas de juicio podría interpretar las medidas de nuestro país imaginario como claros y firmes pasos hacia la dictadura, explicable sin duda por los deseos de volver a un pasado sepultado en el basurero de la historia.

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